Capítulo 1 — El primer error fue mirarse




 Capitulo 1

El primer error fue mirarse 

Antes de la Tierra, antes de la carne, antes del tiempo que desgasta y olvida, existía el orden. No era un lugar, era una estructura perfecta. Tres voluntades sostenían todo lo que era, todo lo que había sido y todo lo que podía llegar a existir. No tenían forma fija, pero eran reconocidas como una sola Divinidad fragmentada en tres naturalezas: La que creaba lo físico, la que sostenía lo espiritual y la que daba forma a lo mental.

Nada escapaba de su diseño, todo lo que nacía, nacía con propósito. Todo lo que existía, existía dentro de una ley y entre esas leyes había una que no podía romperse. Ninguna creación debía crear porque crear era reclamar poder. Y el poder pertenecía únicamente a la Divinidad máxima.

Aun así, el universo no era vacío, había mundos. Y en esos mundos, razas.

Los Soles, seres nacidos de la violencia de los agujeros negros, formados en la destrucción constante, diseñados para expandir, dominar, dar forma y sostener. Y las Lunas, formadas de la última chispa de estrellas moribundas, suaves, cambiantes, capaces de contener, reflejar y transformar.

Nunca debieron encontrarse, no porque no fueran compatibles sino porque lo eran demasiado.

Vivían en sistemas distintos, en realidades separadas sin darse cuenta de la existencia del otro. En ignorancia mutua. Así debía ser. Así había sido siempre. Hasta que dejó de serlo.

No hubo advertencia, no hubo señal. Solo un instante, un punto en el que dos trayectorias que jamás debieron cruzarse, coincidieron. El Sol la vio primero, no con ojos, porque aún no los tenía. La percibió. Una presencia distinta a todo lo que había conocido. No imponía, no destruía, no exigía, absorbía. Y eso lo detuvo. Por primera vez en su existencia dejó de expandirse.

La observó. Y en esa observación, nació algo nuevo. No era función, no era propósito, era deseo. Así que dejó de expandirse para poder seguir observándola y aprender por que era tan diferente a lo que jamas habia visto. 

Se dio cuenta que ella lucía diferente dependiendo de sus emociones. Pero en esas fases lunares él pudo descubrir que todo lo que ella era capaz de contener después salía transformado en una energía nueva, diferente e independiente a ella. A diferencia de el que dominaba todo  a su paso hasta moldearlo para sostener. El Sol compite con otras creaciones hechas por la divinidad máxima para demostrar su poder, control de su alrededor y obtener el respeto de toda creación. 

El irradiaba una luz inexplicable que era capaz de percibirse en cualquier parte del universo, podría destruir pero también proteger a otras criaturas. Les proveía  consuelo, luz y aquello que necesitaban para existir en tanta oscuridad. 

La Luna lo sintió después, un calor que no pertenecía a su naturaleza. Algo que no podía contener. Intentó ignorarlo, intentó volver a su ciclo pero ya no era posible porque ahora sabía que no estaba sola. Ese conocimiento lo cambió todo.  Porque al verse por primera vez ella se sintió tan estimulada y fuerte porque era apreciada, contemplada . El sol al sentir por primera vez que alguien vio su existencia en lo más profundo de su ser, sintió como algo químicamente cambio mientras escuchaba lo que el corazón de ella anhelaba. Esa naturaleza de ganar para él mismo se modificó y ahora él quería todo para ella. 

Se buscaron, no físicamente. No aún pero cada ciclo, cada movimiento, cada ajuste en su existencia los acercaba más. Las extrañas y hermosas diferencias entre ellos resultaron ser atrayentes como si fueran hechos el uno para el otro. El era fuerte, Luna era delicada, Sol era angulante, Luna era redonda llena de curvas perfectas, Sol era dominante, Luna era intuitiva. Llenaban un vacío del otro que no sabían que existía. 

Esa noche, sin embargo, la distancia se rompió. La luz se volvió inestable, las sombras se alargaron más de lo permitido y por un instante que no debió existir, el cielo se oscureció… no por ausencia, sino por encuentro. Fue la primera vez que existió  el eclipse solar, poderoso y peligroso.

—¿Qué eres? —preguntó ella, la primera vez que logró alcanzarlo.

No hubo sonido. Pero él entendió.

—No lo sé… —respondió— pero sé que no soy como tú. Respondio Sol. 

La Luna giró lentamente a su alrededor.

—Eres… intenso. Mientras los rayos del sol la iluminaban de una manera celestial. 

—Y tú eres… imposible de sostener. Contesto Sol quedándose sin aliento. 

Hubo una pausa. Una que no estaba programada.

—¿Por qué no nos conocíamos? —preguntó ella.

—Porque no debíamos hacerlo. — responde Sol.

—¿Quién lo decidió? — Luna con el ceño fruncido.

El Sol no respondió de inmediato pero en su silencio hubo algo distinto, duda. Y esa duda fue el inicio de la rebeldía.

Se acercaron más, demasiado mientras a su alrededor el tiempo se detenía como si algo quisiera apreciar ese momento. 

—Deberíamos detenernos —dijo ella, aunque no retrocedió.

—No quiero. — exclamó Sol mientras sentía como palpitaba algo dentro de él. Una bomba a punto de explotar que después  a eso le llamaría corazón. Fue la primera vez que lo sintió aunque todavía no lo tenía. 

—Esto no está permitido. — volvió a insistir Luna. 

—Entonces… ¿por qué se siente correcto? — le dijo Sol sin detenerse. 

La Luna no tuvo respuesta porque no la había. Y en ese momento eligieron no obedecer, no separarse, no volver atrás.

Se unieron, no como ciclos que se cruzan sino como fuerzas que se mezclan.

El universo tembló, la primera vez que ocurrió fue breve pero suficiente. El primer eclipse no fue un fenómeno, fue una ruptura. Y de esa unión algo nació. No como ellos. No era parecido a nada que hubiera existido antes. Era profundo, infinito, oscuro y vivo.

El mar, no el agua. No aún, sino una conciencia en expansión. Una que no obedecía. Una que no respondía a la Divinidad. Y eso no podía existir.

Las tres voluntades descendieron, no con furia. Con certeza.

—Han roto la ley —dijo la voz que sostenía lo mental.

—Han reclamado lo que no les pertenece —dijo la que formaba lo físico.

—Han creado —concluyó la que gobernaba lo espiritual.

El Sol se interpuso.

—No fue un error. — asegura Sol. 

La Luna sintió el miedo por primera vez.

—Fue elección —dijo él.  

El silencio que siguió no fue vacío. Fue sentencia.

—Entonces comprenderán lo que implica elegir —respondió la Divinidad.

El castigo no fue inmediato, fue preciso.No podían ser destruidos porque lo que existe no se borra, se transforma. Y no solo eso. La divinidad máxima decretó que aunque ellos fueron los primeros en desobedecer todos los soles y las lunas tendrían el mismo destino que ellos para que no se volviera a romper la única ley que se les había impuesto… La creación. 

Fueron separados violentamente esta vez. El vínculo que habían creado se rompió. El mar rugió por primera vez. La Luna gritó y el Sol intentó sostenerla pero ya no pudo alcanzarla.

—No —susurró ella—. No me apartes de él…— suplicó La Luna.

Pero ya era tarde.

—Serán enviados al plano físico —dijo la Divinidad—. Donde todo lo que han creado  los limitará.

—Olvidarán quiénes son. — dio el mandato La divinidad. 

—Y vivirán como aquello que ahora han alterado. — concluye la divinidad que crea lo físico. 

El Sol luchó.

—No pueden quitarnos esto.— suplicó Sol. 

—No podemos arrancarlos del cielo  —respondió la Divinidad—. Pero podemos hacer que lo olviden. Como es aquí  arriba, será abajo. Y lo que arderá  en el cielo… también arderá dentro de  ustedes. 

La Luna sintió cómo algo dentro de ella se desgarraba, no el cuerpo. Algo más profundo, su memoria, su esencia, su verdad. En ese momento El Sol y La Luna dejaron de ser astros y ahora eran heridas abiertas en el cielo.

—El mar permanecerá —dijo la última voz—. Como recordatorio de su error.

—Y siempre responderá a ti. — le advirtió la divinidad.

La Luna tembló.

—¿Por qué…?  La Luna temblorosa. 

—Porque es tu creación. — le respondió la divinidad que controla lo físico. — y tu pérdida. Por qué lo verás en su forma original sin recordar que proviene de tus entrañas. No hay nada que he creado en este universo que vaya a experimentar un dolor tan grande como la pérdida de su creación, tu primogénito. 

El Sol intentó hablar pero su voz ya no existía, su forma comenzaba a deshacerse. Ambos cayeron. No a través del espacio, sino hacia la densidad. Hacia la materia, hacia el olvido.

Y mientras descendían sus verdaderas naturalezas quedaron suspendidas, separadas, visibles, inalcanzables.

El Sol y la Luna observando el mundo al que habían sido condenados. Un mundo que no era nuevo, un mundo que ya había sido usado como filtro, como prueba, como prisión. Al cual se le conoce como la Tierra. Y en ella comenzaría su castigo. No morir, sino vivir. Juntos. Sin saber que alguna vez lo estuvieron.

Capítulo 2 - El mundo antes de ellos

Comentarios

  1. Me fascinó , que buena representación del amor y la Creación bajo el cuidado de su autor.

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  2. Excelente capítulo y con una historia que te engancha de principio a fin. Felicidades autora y maestra Aylin. Moreno.

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